Vasconcelos "El escritor"


Escritor y, como tal, de la estirpe de los recios, slidos y cabales, fue este hombre extraordinario, del aviso de muchos mexicanos, entre stos tanto los letrados como los semi-cultos y los que, deseosos siempre de saber, se acercan, ingenuos y sencillos, a los que les pueden ensear algo. Un escritor, un artista, un poltico, si son buenos, su bondad es manifiesta, por tanto atractiva, de lo que se sigue que su obra nos rinde a todos. Y es que la bondad es necesariamente comunicativa y encuentra siempre un eco en el interior de cada quien.

Resuena en el alma, justamente para hacerlo nuestro, lo que los hombres sealados difunden en la sociedad y nos toca la fibra sensible, tensa naturalmente y en acto, por el mismo caso, de vibrar al unsono de ese escritor, de ese artista y de ese poltico. Vasconcelos pensador, de penetracin objetiva, dado, por el consiguiente, al desmenuzamiento de las cosas, de los acontecimientos, de las situaciones, y de penetracin subjetiva, a un tiempo, movido a dilucidar las implicaciones y complicaciones de su propia conciencia, interesa a toda clase de lectores, los cuales, por otra parte, van a l seducidos, como precipitados y despeados en llegar al fondo de lo humano suyo, en el que encontramos lo humano nuestro.

Fue filsofo Vasconcelos. Todo lo vio bajo el signo de lo bello. Lo persegua hasta no dar con l en cada uno de los seres. El hombre, concretamente el mexicano, tena que ser bello, que conformarse con el modelo eterno de una armona divina que, despiertos a las inquietudes trascendentes, no podamos menos que or. Su filosofa nos abre la puerta de ese aposento donde vamos a disfrutar de la vecindad con Dios.

Escritor poltico y ciudadano de avisada y sesuda ciudadana, nos hizo ver a los mexicanos lo que es, lo que debe ser Mxico. Su Ulises criollo, obra maestra, y suponiendo que Mxico dejara de ser, ella sola quedara como el testimonio fehaciente, imperecedero, adems, de las fallas, de los aciertos que registra la historia, de la voluntad que, en los mejores de nosotros, ha pretendido la duracin y la sobrevivencia, por tanto la nobleza de lo humano mexicano.

Hace gala en todo lo que escribi de una verba convincente. Su frase es de garra y estruja, aprieta y, por otra parte, va derecho a la inteligencia o al corazn. No, no deja indiferente a nadie, y nadie como l ha sido capaz, por la sola fuerza de la palabra, de crear una mentalidad nacional. Dganlo, si no, los jvenes de los aos veintes y, muy especialmente, los que lo acompaaron en el 29, cuando con el callismo, ampliado, segn l, por Mr. Morrow, el embajador de los Estados Unidos, y con la guerra cristera y con el desnimo de muchos, muy a pesar de lo cual fue un agitador intelectual.

Fue spero, ciertamente, cuando fustigaba a los pillos. Su reprensin fue rigurosa y, valeroso, siempre de gran osada, nunca tuvo, tal reza la expresin popular, pelos en la lengua. Fue el creador de una universidad, a la que le dio el lema de "Por mi Raza Hablar el Espritu", y la cual, con el mote agregado despus de "autnoma", tuvo l como sierva, precisamente porque la universidad "autnoma" se vanagloria de su autonoma.

Vasconcelos, dgase lo que se quiera en contrario, pese a sus deturpadores, a los que lo desprecian, combaten o niegan, por tanto, es un espejo en que los mexicanos conocemos y reconocemos los rasgos de nuestra propia faz. Su familia, en una poca trashumante, lo que le vali tener tratos con porciones variadas de nuestra poblacin; su madre, mujer sencilla, constante, con constancia grande, en sus deberes hogareos; su vida de estudiante, sus inquietudes intelectuales no satisfechas, gracias a la insuficiencia de sus maestros; la vaciedad de algunos de sus compaeros; la opresin del ambiente poltico, todo concurri en l a tener una clara conciencia de lo que es el hombre y, por lo pronto, el hombre mexicano.

Carranza, y lo hace ver Vasconcelos en sus memorias, empezadas justamente en el Ulises criollo, copi a los Estados Unidos, rodeado como estaba de pastores protestantes, y suprimi la Secretara de Instruccin Pblica. La escuela tena que ser, segn esto, cosa de la exclusiva incumbencia de los ayuntamientos. Y Vasconcelos cre la Secretara de Educacin y con ella movi a la inteligencia de Mxico, a los hombres de buena voluntad, a los nios, a los jvenes y a los adultos deseosos de aprender. Sus misiones culturales, llegadas a todos los rincones de la patria, sus artes populares, sus teatros al aire libre, la exaltacin y depuracin de lo indgena, todo fue una fiesta del espritu y, de resultas de esto, una afirmacin de lo autntico mexicano. Fue ejemplar, cosa tenida por muchos como extravagante, en todo caso como intil y, por otra parte, costosa, la edicin de los clsicos de la antigedad: La Odisea y La Ilada, entre otros, pero cosa que en su intencin, y estaba en lo cierto, le daba al pueblo el conocimiento de sus orgenes culturales. Porque, queramos o no, somos occidentales, lo que le debemos a la presencia de Espaa en las entretelas de nuestra sustancia. Vasconcelos es grande como escritor, grande como poltico, grande como hombre que hizo historia. Por lo uno y por lo otro ser nuestro constante y obligado compaero y gua.

*Tomado de:
Jess Guisa y Azevedo. Semblanzas de Acadmicos. Ediciones del Centenario de la Academia Mexicana. Mxico. http://www.academia.org.mx/Academicos/AcaSemblanza/Vasconcelos.htm